Seguidores

Buscar en este blog, resultados arriba

Translate

sábado, 21 de enero de 2012

COMBUSTIÓN HUMANA ESPONTÁNEA: NO ES PRECISAMENTE EL FUEGO QUE CONOCEMOS

¿Podemos explicar la Combustión Humana Espontánea (CHE)? Nosotros vamos a dar aquí nuestro punto de vista y como siempre, sin pretender tener razón absoluta. Tan solo se trata de dar otro enfoque al asunto.

Hablamos de una combustión que aparentemente se produce sin ayuda de fuente de ignición externa. Es decir, la energía va de dentro del cuerpo humano hacia afuera. Casi nada.



Primero revisemos nuestra noción de Fuego y luego prosigamos. Si por fuego entendemos, un incendio donde los materiales arden por doquier, la lumbre de una hoguera o la combustión de cualquier sustancia sólida, líquida o gaseosa, nos estamos alejando del enigma en si mismo.
Cierto es que las víctimas arden, pero como hemos dicho se trata de una combustión interna. ¿Hay algún material inflamable dentro del cuerpo humano que pueda originarla? La respuesta es no.
Se trata de un "FUEGO" mucho más sutil y terrorífico para quien lo sufre. Bajo nuestro punto de vista, hablamos del resultado final e incontenible de ese llamado "elemento Fuego", ese elemento primordial que bajo ciertas condiciones puede sintonizar con la mente del sujeto ya sea voluntaria o involuntariamente para desencadenar su implosión.
SHC: Spontaneus Human Combustion
El como se produce es el gran misterio. Puede que vivencias, sentimientos encontrados, oscuros deseos, impotencia o desesperaciòn, puedan hacer surgir esta fuerza creadora, destructora y regeneradora e incontenible del universo. Desde luego no es el fuego que conocemos.


CASOS:


El primer caso con fecha conocida data, según parece, de 1673, cuando un ciudadano de París, anónimo y según parece alcohólico, "fue reducido a una pila de cenizas y unos pocos huesos de los dedos, pero la cama de paja en la que murió quedó intacta" (Garth Haslam: Spontaneous Human Combustion; Brief Reports in Chronological Order). Al respecto, no conocemos otras circunstancias. Otros autores citan un caso de 1662, sin proporcionar más detalles.


Un caso famoso ocurrió alrededor de 1731 (curiosamente, se desconoce la fecha exacta): el de la condesa Cornelia di Bandi de Cesena, de 62 años de edad. Los restos de esta noble dama fueron encontrados por su doncella en el piso de su dormitorio (se presume que al ir a despertarla en la mañana). El cuerpo de la condesa había quedado reducido a una pila de cenizas "que dejaban en la mano una humedad grasienta y maloliente", pero las piernas y los brazos se encontraban relativamente intactos; parte del cráneo y la quijada se encontraban entre las piernas. Las paredes de la habitación estaban cubierta de hollín, y el suelo de un liquido pegajoso; de la parte inferior de la ventana goteaba un extraño líquido amarillo y grasiento; la cama no había sufrido daños. En el piso se encontró una lámpara de aceite vacía, cubierta de cenizas. Según parece, la fuente original de esta descripción es un artículo de 1746; posteriormente, este caso sería citado nada menos que por Charles Dickens. Es de hacer notar que en este incidente se encuentran prácticamente todos los hallazgos no míticos que posteriormente se repetirán una y otra vez en los casos modernos, y que caracterizan a la llamada "combustión humana espontánea".


La primera investigación sistemática del fenómeno se le debe al francés Jonas Dupont, quien en 1763 publicó un libro titulado De Incendis Corporis Humani Spontaneis. Según se cree, Dupont se inspiró en un caso ocurrido en febrero de 1725 en Rheims, el de una mujer llamada Nicole Miller, encontrada quemada en el piso de su cocina.




A lo largo de los siglos XVIII y XIX los casos menudean. Algunos de ellos resultan verdaderamente espeluznantes, como el de la Sra. Peacock, ocurrido en algún momento antes de 1809. El cuerpo de la desdichada mujer fue descubierto cuando a las dos de la madrugada sus restos carbonizados comenzaron a caer en la habitación de su vecino del piso de abajo, a través de un hoyo quemado en el suelo de madera. El gran novelista victoriano Charles Dickens no desdeñó el tema, y en su novela Bleak House, publicada en 1853, hizo morir a uno de sus personajes de esta manera tan dramática, empleando como recurso literario los detalles del caso de la condesa di Bandi. A las objeciones de un crítico respecto a que la combustión humana espontánea era imposible, Dickens respondió en el prefacio de la segunda edición de su novela invocando los alrededor de treinta casos registrados hasta entonces. Por lo que se ve, las polémicas al respecto no constituyen ninguna novedad.


Posteriormente, el interés por la Combustión Humana Espontánea languideció, hasta que vino a reanimarlo el célebre caso de Mary Reeser, ocurrido el 2 de julio de 1951 en St. Petersburg, Florida, el cual es considerado como un "clásico" de la Combustión Humana Espontánea. La Sra. Mary Reeser, una obesa viuda de 67 años de edad, fue encontrada reducida a cenizas en su apartamento; el cuerpo había quedado casi totalmente destruido, a excepción de su pie izquierdo. 


También se habían quemado el sillón donde se encontraba sentada, y una mesa y una lampara adyacentes; el resto del departamento sufrió muy pocos daños. Un detalle: la última vez que fue vista con vida - por su hijo, la noche anterior - la Sra. Reeser acababa de tomar dos cápsulas de Seconal, y fumaba un cigarrillo.


Los restos de Mary Reeser, encontrados en su departamento el 2 de julio de 1951. Este caso es considerado como un verdadero clásico de la SHC, y se le llamó "el misterio de la mujer-ceniza". Al ocurrir la tragedia, la Sra. Reeser, de 67 años, se encontraba bajo los efectos de los barbitúricos que había ingerido previamente. El reporte policial concluye que "una vez que el cuerpo empezó a arder, la casi completa destrucción ocurrió por la combustión de sus propios tejidos grasos".






Después vendrían otros casos no menos famosos: el de John Irving Bentley, un cirujano de 92 años de edad, en 1966; en 1980 el de Henry Thomas, de 73 años; en 1986 el de George Mott, un bombero retirado de 58 años que sufría de una severa enfermedad pulmonar, por citar solo algunos.

Publica en tu red

Bookmark and Share

Entradas populares