Un medio este, las cartas, al que los hombres solo daban importancia en el vil mundo del juego y del que nunca sospecharían que guardase la sabiduría imperecedera en sus formas.
Leyendas aparte, el tarot es un potentísimo instrumento de orientación y autoconocimiento. ¡OJO! a los charlatanes y tenderos del ocultismo. El tarot no es en modo alguno un método de adivinación. Los mensajes que guarda son tan maravillosos que estimulan nuestro más profundo subsconsciente para forzar nuestra capacidad de razonamiento y autocrítica.
Esto y nada más que esto es lo que hace que el tarot en manos expertas y honradas sea un instrumento sin igual. Y de igual forma, puede ser utilizado por nosotros mismos si nuestra mente conecta con su simbología y (muy importante en el caso de la "auto-tirada"), permanecemos en un estado neutralidad mental, esto es, asumimos lo que realmente nos diga su interpretación. No lo que queramos nosotros.
Veamos un ejemplo que yo considero ideal para ilustrar todo lo anterior. La maravillosa y enigmática carta de la LUNA.
Arcano XVIII: La Luna.
Se trata de unos de los mensajes simbólicos más maravillosos y potentes que podamos imaginar.
Vamos a intentar extraer humildemente sus puntos más interesantes, siempre teniendo en cuenta, que es la propia meditación interior sobre los arcanos Mayores del Tarot, lo que les confiere esa efectividad.

Número 1.- (En la imagen) Nos muestra un sol y dentro la luna. Así mismo podemos observar un rostro con los ojos cerrados, en meditación.
Numero 2.- Altas columnas que se divisan en la lejanía. Señalan un límite; el del conocimiento. El umbral que hay que traspasar, para recibir esa lluvia de sabiduría claramente representada.



